¡Hola a todos los miembros del club!
Si llegaste al final del primer acto de La asistenta (es decir, hasta el Capítulo 38), seguramente sientes que has salido de una montaña rusa. La tensión se ha disparado, los roles han cambiado, y lo que parecía una situación clara al principio, ahora está envuelto en una densa niebla de sospecha y miedo.
Antes de saltar a las teorías y los debates, queremos que te detengas y recuerdes un detalle fundamental, pero fácil de pasar por alto, que ha guiado toda nuestra lectura hasta ahora: hemos estado viendo la historia a través de un solo par de ojos.
La asistenta es, esencialmente, un juego de confianza. La autora, Freida McFadden, ha elegido deliberadamente contarnos la historia desde la perspectiva de Millie, la protagonista.
Lo que Millie ve: Los hechos y las acciones que tienen lugar.
Lo que Millie siente: Sus miedos, su desesperación por mantener el trabajo y sus juicios sobre los demás.
Lo que a Millie le cuentan: Las versiones de los hechos que le proporcionan otros personajes, como Andrew o Enzo.
Este estilo de narración en primera persona es una herramienta increíblemente poderosa en la literatura thriller, ya que nos obliga a vivir la realidad del protagonista.
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